sábado, 8 de diciembre de 2007

eL höRNo nUeVO

resulta que la semana pasada, papá estaba intentando hacer su pollo-asado-especial-de-los-sábados, cuando empezamos a oler a quemado, pero mucho, mucho. fuimos asustados y corriendo a la cocina, y no vimos nada. pero no vimos nada porque estaba todo lleno de humo negro, muy negro, que parecía de noche otra vez. y llamamos al telepizza ya que nos habíamos quedado sin el pollo-asado-especial-de-los-sábados.

y es que , claro, el horno había decidido él solito dejar de funcionar. así que al día siguiente vino un señor y les puso un horno nuevo a papá y a mamá.

mamá estaba supercontenta porque su horno nuevo hacía muchas cosas, y se sacaba la bandeja para afuera y todo. vamos, que parecía que cocinar iba a ser muy divertido y más fácil. pero no lo estrenó para la comida ese día porque decía que primero había que leerse un manual. yo no entiendo eso muy bien, porque todo el mundo sabe que cuando tienes algo nuevo, aprietas todos los botones hasta que aciertas y ya está, no hay que andar leyendo esas cosas.

así que comimos unos filetes con patatas fritas y ya está. luego nos fuimos todos a echar la siesta, pero yo no podía dormir, así que me levanté y, como no sabía qué hacer, me fui a la cocina a ver el horno nuevo. decidí que le iba a dar una sorpresa a todo el mundo, averiguando cómo funciona el horno. así que le di a un montón de cosas, pero yo no sabía si aquello estaba calentando o no, si iba bien o no. tendría que meter algo para verlo.

no se me ocurría qué poner. porque podría coger un yogur, pero los yogures no se hacen al horno y, además, para ver si se está calentando tienes que esperar un buen rato y sacarlo. una galleta menos. un filete tampoco, porque no sabía dónde los guardaba mamá. y mi mano tampoco podía meterla, porque entonces no podría cerrar la puerta del horno.

ya me iba a ir triste, porque no iba poder dar la gran sorpresa a todo el mundo, cuando se me ocurrió algo: ¡humphrey, el canario de la abuela! era perfecto, porque si sudaba, es que hacía calor, y apagaría y le sacaría de ahí para que no se achicharrara. y lo vería enseguida y no tendría que esperar mucho. además, la abuela no me diría nada, porque se había ido al pueblo y no tendría por qué enterarse, total, humphrey no se lo iba a decir.

así que fui a por humphrey. humphrey estaba tan feliz en su jaula así que lo cogí. lo metí en el horno y lo dejé en la bandeja. después le di a los botoncitos, a ver qué pasaba. humphrey empezó a revolotear por todo el horno muy deprisa, el pobre, y me miraba. pero yo no le veía sudar. así que le dejé un ratito más. humphrey siguió revoloteando y yo le veía con cara de agobiado. yo nunca he visto a un pájaro con cara de agobiado así que, aunque no le veía sudar, decidí sacarle del horno.

abrí la puerta y humphrey salió revoloteando, que casi me da en la cara y todo, encima que me había estropeado el experimento. noté que salía calorcito al abrir el horno, pero aún no sabía si humprey estaba sudando o no. así que empecé a perseguirle por toda la cocina para meterlo otra vez, pero no se dejaba coger. incluso aunque le pusiera alpiste en un platito. así que empezó a tirar los tarros de la cocina y, claro, armó un jaleo él solito que no veas.

entonces aparecieron papá, mamá y el abuelo asustados por el alboroto. también porque decían que volvía a oler a quemado. humphrey se escapó en cuanto abrieron la puerta de la cocina, y me dejó a mí solita con el marrón, como si todo eso que había roto por el suelo hubiera sido culpa mía. yo ya me esperaba la bronca del siglo de mis cuatro años, pero qué va, pasaron de mí. fueron al horno, que volvía a oler raro, lo abrieron, y encontraron cenizas.

me preguntaron que qué había metido, y yo les dije que sólo a humphrey. se pusieron a gritar como locos, y mamá empezó a llorar, luego papá y luego el abuelo. todos llorando. papá le dijo a mamá que eso pasaba por haber comprado un horno que tiene que incinerar cosas para limpiarse, que si no era mejor limpiarlo como toda la vida. mamá dijo que daba igual que tuviera eso o no, que humphrey hubiera muerto achicharrado, que al menos así ya tenían sus cenizas para conservarlas en el tarrito de la mermelada, pero que a ver qué le decían a la abuela. el abuelo dejó de llorar, y dijo que ya se encargaría él de comprarle otro igualito, igualito, aunque la abuela conocía cada pluma de humphrey, y seguro que notaba la diferencia.

yo, mientras, me escapé a ver si conseguía encontrar a humprey. lo de las cenizas del horno debía ser una muñeca mía que metí también por si lo de humphrey no funcionaba. pero estaba todo el mundo tan raro, que cualquiera les decía nada.

como no encontré a humphrey, me fui a mi habitación a jugar. entonces, oí que la gente entró en el salón y empezó a gritar ¡milagro, milagro! hasta mi padre, que dice que dios no existe a escondidas de mi madre, lo gritaba. y es que humphrey estaba en su jaula tan feliz. y todos empezaron a llorar otra vez. no hay quién los entienda, y luego soy yo la llorona.

lo bueno fue que se olvidaron de mí y no me echaron ninguna bronca. pero me quedé sin dar la gran sorpresa del horno a mamá, y humphrey y yo acabamos enfadados el uno con el otro. yo ya no le hablaba, y él empezaba a volar como un loco por la jaula dando un montón de aleteos cada vez que yo me acercaba.

bah. pájaros.

8 cosas que dice la gente:

Clodovico dijo...

jajaja pobre Humphrey, ¡anda que al final no te digan nada despues de la que montaste..! XDD a mi me habrían dejado sin paga un año :S
Besines!

el_Vania dijo...

Jijiji...
Menos mal que el horno, al ser nuevo, tendría la famosa "pirólisis" que tanto "le pone" al Arguiñano!!
Salud/OS!

Navarro dijo...

jajajajajajajaja vaya tela...
menos mal que "...y mi mano tampoco podía meterla, porque entonces no podría cerrar la puerta del horno" que sino...jejejeje
y lo de la muñeka...como pa decirles algo jajaja muy buena la historia!
Me gusta como escribes, te seguiré leyendo!
Besitos!

Jesu dijo...

Buena historia, simpatica! Saludos

El Buen Salvaje dijo...

Bueno, bueno, bueno. Menuda gamberra estás hecha.

Yo hice algo parecido de pequeño: intenté tirar al gato por la terraza de un 10º piso, para ver si realmente tenía 7 vidas.

Casi me deja tuerto del zarpazo que me soltó.

Me dió en el conducto lacrimal y estuve una seman entera llorando sin parar, con un corte que ríete tú de Caracortada.

En fin, la culpa la tienen los mayores, que nos engañan con sus cuentos chinos.

Saludos salvajes.

canichu dijo...

chupetina, chiquitina, en mi familia todavía se cuenta una anécdota familiar de los años 196o, cuando uno de mis tíos maternos, que ya no era un niño, más bien adolescente, decidió meter en una olla al gato de la casa una vez que se quedó solo. Abrió la olla antes del que gato pudiera morir, pero con el agua ya bien caliente. No se sabe muy bien lo que quería hacer, aunque toda la familia le recuerda con las palabras "el muy cabrón". La cosa es que una noche que él volvía tarde el gato le esperaba y le saltó a la espalda cuando se desnudaba para meterse en la cama. De ahí que se cuente cómo se hizo las cicatrices profundas que hoy día sigue teniendo a sus cincuenta y mucho años.
Como dice el título de un libro: "no siembres con odio".

Un viaje en el columpio para ti y una piruleta.

chüpetina dijo...

clodo::) es lo que tiene ser pequeña y bajita

el vania: pues claro!

navarro, jesu: :) gracias!!

buen salvaje: je, para que luego digan los mayores de los pequeños!! :D

canichu: me lo creo. los gatos son muy majos (mira "el negro", qué tranquilote, cómo come y juega), pero son rencorosos.

por cierto... vaya trastadas que se les hace por aquí a los gatos!!! :D:D

-p- dijo...

Maaadre mía. Demasiado bien se portaron. Eso es suerte y lo demás es tontería.